Tanque Bradock. Epílogo y final

-Epílogo familiar-

                   La enorme mansión con puerta doble de entrada, pintada en color blanco nieve, recibía la visita de dos hombres. A pesar de la diferencia corporal de ambos, y de su color de cabello, blanco el uno y negro el otro, sus caras eran prácticamente idénticas. Ambos portaban un paquete pequeño cada uno. El más fornido de los dos habló primero.
— Endola…
— Hermanito —El segundo pronunció la palabra con cierto retintín.
— ¿Todo bien?
— Como si te importase…
— ¿Otra piedra de Iris? —preguntó el mercenario al fijarse en el paquete que sostenía su hermano.
— ¿Otra botellita de vino Albarés? —preguntó Endola a su vez con irritación mal disimulada.
— ¿Eh? Ah, no. Tranquilo —Le informó Bradock—. Este año he optado por algo más clásico.
— Ya… Clásico…
— Oye ¿qué tal está Kalah?
— ¡Y yo qué sé! La dejé en el primer planeta que encontré y no la he vuelto a ver.
— Oh, vaya… Una cosa ¿cómo lograste meter todas aquellas nanonitas en mi nave? Había miles.
— Metí un pequeño grupo de ellas en el cinturón de la osariana —Le explicó a regañadientes su hermano—. Se auto-replicaban en intervalos de cinco minutos.
— Ah… Bien jugado —convino Bradock.
— Sí, bueno. No fue tan buena jugada. Después de todo, no conseguí lo que quería ¿verdad que no?
— Bueno, no se puede tener todo en la vida, hermano —apuntó Bradock adoptando una pose filosofal.
— Vete a la mierda, hermanito…
— Ah, sí, una cosa…
— ¿Qué narices quieres ahora? —espetó enojado su hermano.
— Cuando soplemos las velas del pastel de mamá, recuérdame decirte una cosa.
— ¿Qué cosa?
— Oh, después. Es una sorpresita —Bradock sonrió como un niño travieso.
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— ¿Encontraste ya la nave del señor Endola? —preguntó Roc a Neska.
— Sí —contestó ésta—. Ya he calibrado el rayo teletransportador con sus coordenadas.
— ¿Has reprogramado a nuestra “amiguita”?
— Por supuesto. El jefe hizo bien al guardarse una de ellas como recuerdo. Coloca en la bandeja el paquete.
— De acuerdo.
                   Roc obedeció a la computadora y colocó una cajita sobre la bandeja abierta en el cuadro de mandos. La recién estrenada nave era un regalo cortesía de Yugo, por los múltiples trabajos realizados en el pasado para él por el mercenario.
— ¿Crees que el señor Endola se enojará por esta broma? —preguntó Roc.
— Francamente querido —espetó la computadora—; me importa un bledo. Enviando “Caballo de Troya”.

-FIN-

Tanque Bradock. Capítulo 21

21 – Huida

                   Bradock se materializó de nuevo en el puente de mando de su nave. Se encontró con Roc, que le recibió alarmado.
— ¡Tenemos problemas, jefe! —Le dijo— Neska ha detectado nanonitas en los circuitos de la nave.
— ¡Lo sé! —Dijo Bradock— ¡Vete a la cápsula de salvamento y prepárala! Nos vamos de aquí.
— ¿Abandonamos la nave? —preguntó Roc sorprendido— ¿Y qué ocurre con Neska?
— ¡Nos la llevamos con nosotros!
— Las nanonitas están drenando la energía principal, jefe —Informó la computadora—. Capacidad al sesenta y dos por ciento, y bajando. Tiempo máximo para alcanzar el punto crítico del reactor; seis minutos.
— ¡Voy a desconectarte, Neska! —Le avisó Bradock a la computadora— Necesito sacar tu núcleo principal del cuadro de mandos para luego conectarte a Roc.
— ¿Es necesario hacer eso último?
— Lo siento, no se me ocurre mejor forma.
— Si no hay más remedio…
                   Bradock abrió un panel situado bajo el cuadro de mandos de la nave y sacó del interior una caja negra metálica con varios cables conectados a ella.
— ¿Qué cables debo conservar? —Le preguntó a la computadora.
— Sería suficiente con usar los dos cables rojos y el negro —explicó ésta.
— Vale —asintió el mercenario—. Es la primera vez que voy a hacer algo así. Reza para que no meta la pata.
— Pues será mejor que se dé prisa —Le advirtió Neska—. Detecto a las nanonitas cerca de mi núcleo.
— ¡Mierda! —Gruñó él— Lo siento Neska, pero voy a tener que ser algo brusco.
— Séalo, por favor… —Convino la computadora.
                   Bradock arrancó de un tirón todos los cables, rezando para no haber estropeado ninguno de los necesarios para ensamblar a la computadora con Roc. En ese momento, los ruidos de la maquinaria interna del puente de mando cesaron.
— Salgamos de aquí —dijo el mercenario amarrando la caja a su brazo derecho y echando a correr por el pasillo hacia la cápsula de salvamento.
                   Fue en ese instante cuando se dio cuenta de lo que suponía desconectar a Neska. La computadora controlaba los programas automatizados de casi toda la nave. Sin ella conectada, esos programas dejaban de funcionar. La apertura de las puertas era uno de esos programas. Roc lo observaba con incredulidad desde el otro lado del grueso cristal de la puerta que los separaba.
— ¿Puedes abrirla desde ahí? —Le preguntó al androide.
— Puedo —afirmó éste—; pero tardaría demasiado tiempo… Y no tenemos mucho, la verdad.
— Entonces ocúpate de preparar la cápsula —Le ordenó Bradock—. Yo encontraré el modo de llegar ahí.
— De acuerdo —asintió el androide—. Pero dése prisa.
                   Bradock regresó sobre sus pasos y abrió el panel deslizante que cubría la sección de las armas. Sacó de su interior una cortadora láser de gran potencia y volvió a la puerta. Una vez junto a ella, golpeó en la pared derecha primero, y luego en la contraria. La segunda fue la que sonó más a hueco, por lo que fue en esa donde Bradock apuntó el láser de la cortadora.
                   Salpicado por una cascada de chispas, Bradock abrió en cuestión de segundos una nueva puerta en la pared, logrando acceder de ese modo a la sección interna de la pared. La zona era lo bastante ancha como para poder moverse por dentro con soltura, pero Bradock decidió desprenderse de la servo-armadura para poder hacerlo. En ese momento, un extraño ruido a su espalda llamó su atención. Al volverse, descubrió el origen del mismo. Eran las nanonitas.
                   Una lengua formada por cientos de pequeños puntos metálicos bajaba por una de las paredes, saliendo desde uno de los conductos de ventilación. Estaba bien claro qué era lo que perseguían. Bradock se introdujo en el hueco recién abierto ignorándolos, pero rezando por encontrar una salida en aquel pasillo improvisado.
                   Avanzó por el camino sorteando los tubos y cables que serpenteaban por el mismo. A su espalda, a pocos metros de distancia, y con un ritmo lento pero constante, avanzaba la lengua de nanonitas. Bradock se detuvo en un punto del camino y revisó la pared de su izquierda, golpeándola con los nudillos en varios sitios. El sonido resultante sonó lo bastante a hueco como para convencer al mercenario de en dónde debía de cortar de nuevo.
                   Activó la cortadora láser y, en un ángulo no muy apropiado para ser efectiva al cien por cien, comenzó a cortar una vez más. Las nanonitas estaban a punto de alcanzar sus pies cuando Bradock terminó de cortar la última parte de la pared. Apremiado por la cercanía de los diminutos robots, golpeó la zona cortada con una de sus botas, echándola abajo tras un par de patadas. Algunas nanonitas consiguieron subírsele a las botas, por lo que Bradock tuvo que sacudírselas de encima con unos manotazos.
— ¡Por aquí, jefe!
                   Bradock se alegró al oír la voz metálica de Roc, avisándole al final del pasillo en el que se encontraba ahora. El mercenario echó a correr hacia el androide. Más lenguas de nanorobots surgieron por los conductos de ventilación.
— ¡Rápido, conecta a Neska a tus circuitos! —Le ordenó al llegar a su lado— La necesitaremos para pilotar la cápsula de escape.
— ¡Las nanonitas nos alcanzarán! —Advirtió Roc señalando a las lenguas que reptaban por el suelo y que se dirigían hacia ellos.
— ¡Yo me encargaré de ellas! —Le indicó Bradock— ¡Tú haz lo que te he dicho!
                   Bradock se acercó a una parte de la pared en donde estaba colgado un extintor de nitrógeno y lo descolgó. Avanzó hacia las nnanoitas más cercanas y las roció con el frío gas, congelándolas en el acto. Por desgracia para el mercenario, el resto de los nanorobots recularon hacia atrás y se escondieron en los tubos de ventilación. Su intención era hacerle una emboscada. Mientras tanto, Roc se afanaba en conectar los cables del núcleo de Neska a sus circuitos internos. La operación le llevó un par de minutos.
—Reeecalibraaandoooo circuiiiiitooooos de vooooooz —Sonó la distorsionada voz de la computadora a través del módulo vocal de Roc.
— ¡Está viva! —Gritó el androide.
— No grites ¿quieres? —espetó la computadora.
— Lo siento —Se disculpó el androide.
— ¿Cómo está la cosa?
— No muy bien, la verdad —apuntó Roc—. Yo voto por que salgamos pitando de aquí.
— Bien —convino la computadora—. Necesito que me conectes al panel interno de la cápsula, para así yo poder acceder a sus controles.
— De acuerdo —dijo Roc—. ¿Te sirve cualquier lugar como punto de conexión?
— Por suerte para todos sí —Le informó Neska—; porque hay que ver lo anticuado que está tu sistema operativo. ¿Quién te programó, Bill Gates?
— ¿Tengo que recordarte que ahora dependes de mí? —preguntó con sarcasmo Roc.
— Vale, lo siento —Se disculpó Neska a regañadientes—. Será mejor que nos pongamos en movimiento. Por si lo has olvidado, tenemos un reactor a punto de irse a la mierda.
— Por no mencionar, además, a un pequeño grupito de minúsculos robotitos ávidos de hincarte el diente —apuntó a su vez Roc— Vamos.
                   Bradock mantenía alta la guardia, extintor en mano, esperando a ver cuál era el siguiente movimiento de las nanonitas. Colocado frente a la puerta de la cápsula de salvamento, y de espaldas a ella, controlaba las tres únicas salidas de ventilación que veía en esa zona. Las nanonitas hicieron su nueva jugada.
— ¡Cabronas hijas de puta…! —maldijo en bajo Bradock al percatarse de la nueva estrategia empleada por las nanonitas— ¡Os creéis muy listas, eh!.
                   Y no era para menos la preocupación del mercenario. Las diminutas máquinas habían decidido atacar dividiéndose en pequeños grupitos. Cada grupo emergía desde una de las salidas de ventilación. Cada oleada de nanonitas era detenida por Bradock con un chorro del extintor. El plan de las minúsculas máquinas era, a todas luces, obligar al mercenario a agotar la carga del extintor.
— ¿Cómo va eso, Roc? —preguntó al androide.
— ¡Ya falta poco, jefe!
— ¡Pues más vale que os deis prisa! —Les apremió el mercenario— ¡No creo que pueda contenerlas mucho más tiempo!
— ¡Nos vamos ya! —informó justo en ese momento Neska.
— ¡Bien! —gritó con alegría Roc.
                   Bradock esparció por el suelo una última y larga ráfaga de nitrógeno, con la intención de ganar algo de tiempo. Entró en la cápsula de salvamento y Neska cerró la compuerta. Acto seguido, la computadora activó un resorte mecánico que impulsó al receptáculo hacia el espacio, separándoles del resto de la nave. Segundos después, activó los pequeños motores de la cápsula y se alejaron del lugar.
                   Un par de minutos más tarde, el reactor de la nave hacía explosión. La onda expansiva les alcanzó, pero su fuerza estaba ya lo bastante debilitada como para hacerles poco más daño que una leve sacudida. Bradock suspiró de alivio. Aquello había estado muy cerca.
— Neska ¿puedes abrir comunicaciones externas? —preguntó a la computadora.
— Sí, jefe —contestó ésta—. ¿Con quién quiere ponerse en contacto?
— Con Yugo —Le informó Bradock—. Tengo que decirle que no podré realizar el trabajo que nos encargó. Su amorcito tendrá que esperar un poquito más para recibir su regalito.
— ¿Su amorcito? — inquirió Roc— ¿Es que el basky está enamorado? ¿De quién?
— De Renata —Le aclaró Bradock—. La cantante de ópera de Satur, la ciudad-cúpula.
— Oh, vaya.  Toda una sorpresa. ¿Cree que ella le corresponderá?
— Espero que sí —espetó Bradock
                   En la boca del mercenario se dibujó una sonrisa propia de un niño que esconde una travesura a su madre. Con las manos cruzadas sobre la nuca, se puso a canturrear alegremente.
—… La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios...

CONTINUARÁ

Tanque Bradock. Capítulo 20

20 – Rencilla familiar

— ¿Qué le has hecho a June? —preguntó Bradock enojado— Devuélvela a su forma natural.
— Esa es su forma natural, cazurro —Le informó Endola.
— ¡Y una mierda! June es humana.
—… Pues da la casualidad que la June que ha estado contigo estos últimos días no era la auténtica —explicó sin inmutarse Endola—. En resumen, y para que tu cerebro atrofiado de esteroides lo entienda a la primera, que te di el cambiazo.
— Te has pasado, Endola —espetó Bradock señalando airadamente con el dedo índice a la pantalla en la que aparecía su hermano—. Se lo voy a decir a mamá.
— Mira cómo tiemblo… —dijo éste con una mueca de indiferencia.
— Temblarás… —espetó Bradock mostrándole un puño amenazador—. Ya lo creo que temblarás.
— ¿Y quién es ella?  —preguntó entonces Roc señalando a la osariana.
— Se llama Kalah; se escribe con una hache al final y se pronuncia acentuando la segunda vocal —aclaró Endola con aire de profesor de lenguaje—. La encontré en un antro de mala muerte y decidí que era perfecta para llevar a cabo mi plan para darle un escarmiento a don musculitos, aquí presente.
— Así que no era un clon… —apuntó taciturno Bradock.
— Pues no. La idea de crear un clon me resultaba, cuanto menos, mucho más costosa, a la par que laboriosa —explicó Endola—. Por supuesto que un clon hubiera servido mejor a mis propósitos, pero bueno, no se puede tener todo en la vida ¿verdad que no, hermanito? Como fuera, necesitaba poder llegar a tu nave de un modo u otro. Para lograrlo, qué mejor que utilizar algo, o a alguien, que te resultase familiar y nada amenazador.
— June…
— Efectivamente; June —convino Endola con una sonrisa en su cara—. Conseguir su ADN no fue nada fácil, la verdad, pero, tras algunas averiguaciones (y unos cuantos créditos por aquí y por allá) me hice con él. El siguiente paso fue utilizar a la osariana para reproducir ese ADN en su persona; algo que logré con muy buenos resultados, he de decir. Borré de su memoria sus últimos días antes de conocerme y le implanté parte de los recuerdos de la auténtica June. Esos recuerdos se basaban en las cosas que tú me contaste de ella hace tiempo y en algunas otras que yo averigüé por mi cuenta.
— Eres lo más retorcido que he visto en mi vida, Endola —repuso Bradock—. De veras que estás mal del tarro, tío.
— Sí, bueno, lo que tú digas…
— ¿Tanto follón solo para meter en la nave a una falsa June? —Intervino de nuevo Roc— ¿Con qué fin?
— ¿Un caballo de Troya? —Teorizó Neska en ese momento.
— Bingo —asintió Endola—. Veo que al menos hay algo de inteligencia en esa nave. Es una pena que ésta sea artificial, la verdad.
— ¿Y para qué necesitaba ese caballo de Troya? —preguntó Roc.
— Para introducir dentro de la nave mi segunda sorpresa. Nanonitas. Muy eficaces, te lo puedo asegurar —explicó Endola.
— ¿Nanonitas? —preguntó ahora Bradock— ¿Para qué has metido eso en la nave?
— En la nave, no —aclaró Endola—. Dentro. Dentro de la nave: Activar orden Troya.
                   Justo en ese momento, el sonido de los motores de la nave apagándose recorrió el interior del puente de mando.
— Motores desconectados —Informó Neska—. Pérdida masiva de energía principal y disminuyendo.
— ¿¡Qué estás haciendo, Endola!? —gritó Bradock a la pantalla.
— Ya te lo dije —contestó éste—. Darte un escarmiento. Y qué mejor forma que quitándote algo que te importa demaisao.
— Pérdida de escudos deflectores —Continuó informando Neska—. Fallo en los sistemas de refrigeración del núcleo principal. Temperatura del núcleo en aumento. Se aconseja la evacuación inmediata del personal de esta nave. Tiempo máximo para alcanzar el punto crítico: diez minutos, y contando.
— ¡Haz que pare, Endola! —ordenó Bradock enfadado.
— ¿Parar? Acabo de empezar, hermanito.
— ¡Esto ya es pasarse, Endola! —gritó Bradock— ¿De veras piensas destruir mi nave por una estúpida rencilla? Vas a matarnos a todos. ¡Incluso a ella! —Señaló a la osariana que observaba todo con auténtica perplejidad.
— Tranquilo —dijo Endola—. Ella no sufrirá ningún daño.
                   Y, tras decir esto, la osariana se convirtió delante de la atónita mirada de Bradock y Roc en miles de puntitos de colores y, segundos más tarde, desapareció.
— Teletransporte —apuntó Roc—. Ciertamente brillante, la verdad que sí.
— Gracias —convino Endola—. Adiós, hermanito. No me odies por esto ¿de acuerdo? Corto y cierro.
— Tiempo para llegar al punto crítico: nueve minutos, treinta segundos —Informó Neska.
— ¡Una nave! —Gritó Bradock mientras corría en busca de una servo-armadura y se la ponía.
— ¿Cómo dice, jefe? —preguntó Roc extrañado.
— ¡Que tiene que haber una nave cerca de nosotros! —explicó el mercenario— Neska, rastrea el espacio en un radio de media milla ¡deprisa!.
— Rastreando con varios espectros de ondas —informó la computadora—. Hallada interferencia a trescientos metros de distancia. Calibrando coordenadas de la interferencia.
— ¡Envíame allí ahora mismo! —ordenó Bradock ya enfundado en la servo-armadura y ajustándose el casco de la misma.
— ¿Está usted loco, jefe? —espetó la computadora ante la orden dada por el mercenario.
— ¡Hazlo! —Rugió éste.
— Preparando teletransporte hasta coordenadas establecidas —Informó la computadora.
— ¡Tenga, jefe! —Roc le lanzó dos pistolas de plasma a Bradock, que éste agarró en el aire— Déle un par de golpes a su hermano de mi parte ¿de acuerdo?
— ¡Dalo por hecho!
                   El mercenario se descompuso en miles de puntitos de colores antes de desparecer del todo. Cuando se materializó de nuevo lo hizo, por fortuna para él, en el puente de la nave de su hermano. A sus pies, tumbada en el suelo, estaba la osariana, desmayada. Su hermano estaba sentado ante los mandos de la nave.
— Vaya —Le saludó de improvisto sin volverse—, has tardado menos de lo que esperaba en aparecer.
— Detén a tus maquinitas —Bradock le apuntó con las armas.
— ¿O qué? —Faroleó Endola.
— O me cargo tu nave —Amenazó Bradock apuntando al cuadro de mandos de la nave.
— Aún así, tú te quedarías sin la tuya. Empataríamos.
— Un momento… —Bradock cayó en la cuenta de algo— Me estabas esperando. Querías que viniese a tu nave.
— Vaya, un chico listo —espetó con sarcasmo su hermano—. Computadora, ejecuta orden Caballo de Troya.
— Ejecutando orden —Informó la computadora de la nave—. Nanonitas en posición.
— No quieres destruir mi nave… —Dedujo Bradock en ese momento— ¡Quieres quedarte con Neska!
— Y, si tengo suerte —apuntó Endola—, también con tu robotito.
— Hijo de puta… ¡Neska, llévame de vuelta! —Ordenó Bradock por su intercomunicador— ¡Rápido!

CONTINUARÁ

Tanque Bradock. Capítulo 19

19 – Caballo de Troya

                        “¡Doble ca, uve doble!; la emisora que recorre el espacio... y el tiempo.
                        Andrea Vamp, la vampiresa más sexy de las ondas, te escucha.
                        Tenemos una nueva oyente que quiere consultarnos sobre un problema que tiene. Dime, cariño ¿qué te ocurre?
                        Hola Vamp, tía. Pues verás; resulta que a mí me mola mucho un amigo mío, pero mucho, mucho. Lo que pasa es que él está coladito por una amiga mía. Para más inri, tía, esa amiga mía está coladita por mí… Sí, sí, Vamp, como lo oyes, por mí, que me lo ha dicho ella el otro día en la disco. Y yo no sé qué hacer, tía. ¿Qué harías tú?
                        Mira, cari; si yo fuera tú, me enrollaba con tu amiguita. Quién sabe, igual hasta te gusta y todo. En cuanto a tu amiguito, pasa de él y píllate un consolador; te salen más rentables y nunca te fallan. Chao, bambina, cuídate. ¿Siguiente llamada?       

                   Bradock, ayudado por June, seguía trasteando en la servo-armadura. Mientras él apretaba tuercas y tornillos, ella se dedicaba a comprobar el estado de cables y conexiones.
— Bueno, esto ya está —Informó finalmente Bradock, mientras terminaba de apretar un último tornillo.
— ¿Estás seguro? —Le preguntó June.
— Por supuesto —corroboró él guiñándola el ojo—. Después de todo, somos dos mecánicos de primera ¿no?
                   En ese momento apareció Roc por ahí. Parecía estar nervioso, si eso era posible tratándose de un androide.
— Jefe, vaya enseguida al puente de mando —Ordenó haciendo aspavientos con los brazos.
— ¿Qué pasa ahora, chatarra?
— Será mejor que lo vea por usted mismo. Rápido.
                   Bradock y June siguieron al nervioso Roc a través del pasillo que les llevaba al puente de mando de la nave. Al llegar allí se encontraron con una cara que les observaba desde una de las pantallas. Era un hombre y, salvo por que tenía el pelo negro, en lugar de blanco, y que era de complexión más delgada, podía decirse que era igualito que Bradock.
— ¿Endola? —espetó el mercenario al reconocer a su hermano en la pantalla— ¿Qué narices es esto?
— Buenas tardes a ti también, hermanito —dijo él sonriente—. Y a tu amiga, por supuesto.
— Al fin te has dignado a dejarte ver. ¿Qué es lo que quieres?
— ¿Ese es tu hermano? —Quiso saber June.
— El mismo, señorita —respondió el aludido—. Endola Preys a su servicio.
— Déjate de gilipolleces y vete al grano —espetó fríamente Bradock—. ¿Puedes explicarme qué demonios te traes entre manos estos días?
— Lo que me traigo “entre manos”, como tú dices, es darte tu merecido —Endola hizo una mueca de desagrado ante la pregunta del mercenario.
— Así que es eso ¿no? Otra de tus pataletas de niño malcriado —Bradock sonrió con cinismo—. Me tenías preocupado. Pensé que se trataba de algo más serio, hermanito.
— Deja de llamarme hermanito —espetó Endola enojado—. Nací antes que tú; tú eres el hermanito. No yo.
— ¿Estás seguro de eso? —Bradock sonrió burlón.
— Bromea cuanto quieras. Lo verdaderamente importante es el motivo que nos tiene hoy aquí reunidos. ¿No te parece?
— Y ese motivo es…
— Escarmiento.
— ¿Escarmiento? ¿Es que te ha dado algo? —Bradock giró su dedo índice cerca de la sien para acompañar a sus palabras— ¿A santo de qué viene esto del escarmiento?
— Vayamos por partes ¿te parece? —Su hermano ignoró el gesto— Sabes qué ocurre dentro de tres días ¿verdad? Vamos, piensa un poco. No es tan complicado.
— ¿Tres días…? —Bradock pareció sorprendido ante la pregunta de su hermano, pero enseguida cayó en la cuenta de lo que hablaba— ¿El cumpleaños de mamá? ¿Qué carajo tiene que ver mamá con todo esto?
— Tiene que ver todo —espetó Endola—. ¿Recuerdas lo que ocurrió en su último cumpleaños?
— Vagamente, la verdad…
— hijo de puta…
— ¿Qué? —Bradock se encogió de hombros al ver el enfado dibujado en el rostro de su hermano— No tengo buena memoria ¿vale?
— Pues permíteme que te la refresque yo —dijo éste irritado—. Recuerdo que la regalé una piedra de Iris, tallada a medida y valorada en más de medio millón de créditos solares. Tú, por tu parte, y en tu línea, le llevaste una botella de vino Albarés.
— Ah, sí. Ya me acuerdo —corroboró sonriendo Bradock—. Un vino excelente.
— Recuerdo –continuó hablando Endola— que tú, con tu habitual torpeza y falta de cuidado, derramaste unas gotas de ese vino sobre mi regalo.
— Venga, Endola —Bradock se encogió de hombros—. Sabes que aquello fue un accidente…
— No lo entiendo —Intervino en ese momento June—. ¿Todo este embrollo viene porque tu hermano derramó unas gotas de vino sobre una piedra?
— Nota aclaratoria para ignorantes —recitó Endola—: la inusual composición química de las piedras de Iris provoca, amén de hacerlas únicas en su grupo, que puedan sufrir una alta corrosión al entrar en contacto con ciertos licores; como pueden ser vinos, por ejemplo. ¿Lo entiende ahora, señorita?
— Oh, vaya… —June se sintió avergonzada en ese momento.
— En fin —Continuó hablando Endola—; aún recuerdo las risas de mamá al ver cómo mi regalo se deshacía delante de sus ojos como si fuera cera derretida. Obviamente, a mí no me hizo ni pizca de gracia.
— Oh, venga —dijo Bradock—. Reconoce que tuvo su gracia.
— ¿Que la tuvo? —espetó enojado su hermano—. Dime una cosa ¿cómo te sentaría que te retorcieran las pelotas con una tenaza? Mal ¿verdad? Pues tu bromita me sentó igual de mal a mí. Por eso me encargaré de darte hoy el escarmiento que te mereces.
— En serio, Endola —repuso Bradock riendo—. Esto es cada vez más surrealista. Estás montando todo este pitoste por un accidente ocurrido ¡hace un año! Deberías mirarte la cabeza, porque estás mal del tarro, tío.
— ¡Ríete cuanto quieras! —gritó su hermano— Pero te aseguro que al final seré yo quien se ría.
— Vale, sigamos tu juego. ¿Qué se supone que vas a hacerme? —Quiso saber Bradock.
— Para empezar, darte una pequeña sorpresita —Le informó Endola—. Activar orden de anulación B-52.
— ¿Qué carajo es esa chorrada?
— ¡Mire jefe! —Roc señaló al lugar que ocupaba June.
                   La mujer, para sorpresa de Bradock, comenzó a sufrir ligeras convulsiones en todo su cuerpo.
— ¿Qué le has hecho, Endola? —Le gritó enojado el mercenario a su hermano.
— Tú observa, hermanito —Se limitó a contestar éste.
                   Segundos después, y para sorpresa de Bradock y Roc, June sufrió una metamorfosis ante sus atónitas miradas. La mujer mutó en otro ser distinto. De aspecto félido, con orejas cortas y puntiagudas, pelaje ambarino y fisonomía femenina, les miraba con ojos verdes de pupilas rasgadas y el desconcierto dibujado en su rostro.
— Caray. Quién lo hubiera imaginado —espetó Roc—. Una osariana.

CONTINUARÁ